
Bienvenidos a esta segunda etapa de su periódico Exprés Mexiquense, que retoma su línea de combate y de crítica constructiva y destructiva (para no caer en ambigüedades), ya que consideramos que beneficia más la destructiva que la constructiva, pues siempre aprendemos más de los tropiezos, así como de los amigos que “prefieren herirnos con la daga de la verdad que matarnos con la espada de la mentira”, según cita el refrán.
Entonces y acorde a la actual campaña de que “a las cosas hay que llamarlas por su nombre”, trataremos de en este rotativo de seguir diciendo las cosas lo más claro posibles, a fin de que nuestros flamantes políticos entiendan y no traten de evadir ni su realidad ni la de la ciudadanía.
México es un gran país, pese a sus gobernantes, lo hemos dicho siempre, por ello no es justo que sigamos cayendo en el juego de los partidos políticos, que lo único que quieren es jalar agua a su molino, valiéndoles un comino el bienestar de las mayorías. Ahora, si esos mismos políticos fueran un poquito inteligentes, buscarían que las masas poblacionales fueran más sanas y más productivas y a la postre ellos ganarían más, pero como su cerebrito no da para más, prefieren agandallarse lo poco o mucho que le han dejado a nuestro abundante y generoso país.
Si usted, amigo lector, se encuentra en duda acerca de lo del petróleo (que no es nuestra mayor riqueza), le podemos comentar que lo que México necesita es una revolución, pero no una revolución armada, no, sino una revolución intelectual, o sea una <>, para poder tomar el mejor camino hacia el progreso y bienestar (como dicen los políticos), antes de que el país acabe por pertenecer completamente a los extranjeros.
Y no es que estemos a favor de López Obrador -porque ese también se hace rodear por gentuza de muy mala reputación-, aunque debemos tomar poquito de él en lo que se refiere a la defensa de nuestros recursos no renovables, pero no entregarnos incondicionalmente a él, ya que hay mentes obtusas, degeneradas y siniestras que dirigen grupos políticos y se quieren agarrar de él y de Jesús Ortega para sus más aviesos fines.
Simplemente hay que apoyar la idea de no dejar que el extranjero meta la patita aquí, porque al rato va a ser imposible quitar sus dos patotas de nuestro territorio, aun con una guerra. Después, hay que decirle al presidente Calderón que estamos en la mejor disposición de ayudarlo a enderezar al país, pero que se equilibre en eso de apoyar al Clero. Digo, si de verdad ellos traen consigo la palabra de Dios, entonces yo creo que ya no necesitan del erario para sus adoratorios.
Debemos acercarnos más a los libros y dejar de ver la mayoría de los programas de televisión abierta. “Dime de qué burradas hablas y te diré qué canal de tv es tu favorito”. Para merecer bienestar debemos demostrar que sabemos trabajar y que somos personas capaces y civilizadas. Si todavía nos acongoja ver cómo se matan entre familiares por una herencia o una mujer en las babanovelas, o nos apasiona ver correr a 22 peladitos y pelearse entre ellos por una pelotita, pues entonces no caben quejas ni llantos de mariquita, ya que ello quiere decir que “aún no estamos preparados para defendernos nosotros mismos y mucho menos al país”.
No quiero decir que dejemos la diversión a un lado, no. La risa viene a ser un gran incentivo para mantenernos en este triste mundo, pero sí hay programas de nivel, hay juegos electrónicos que nos impulsan a la creatividad y hay historias fantásticas en los libros de las bibliotecas. ¿Qué no hay tiempo? Y cómo sí lo hay para ir a sacar al mocoso de las maquinitas, al hijo adolescente de centros de vicio, a la hija del hospital por depresión y al marido de la cárcel por chocar borracho?
Recién la directora de la Secundaria Xicoténcatl, de Neza, invitó a las señoras a dejar las moco-novelas, y asistir con ella en las tardes a integrarse a su ballet folkórico o los talleres a realizar manualidades que después pueden vender. De no aceptar esto, seamos ciertos, entonces lo que nos falta son ganas de evolucionar, no de tiempo.
Entonces y acorde a la actual campaña de que “a las cosas hay que llamarlas por su nombre”, trataremos de en este rotativo de seguir diciendo las cosas lo más claro posibles, a fin de que nuestros flamantes políticos entiendan y no traten de evadir ni su realidad ni la de la ciudadanía.
México es un gran país, pese a sus gobernantes, lo hemos dicho siempre, por ello no es justo que sigamos cayendo en el juego de los partidos políticos, que lo único que quieren es jalar agua a su molino, valiéndoles un comino el bienestar de las mayorías. Ahora, si esos mismos políticos fueran un poquito inteligentes, buscarían que las masas poblacionales fueran más sanas y más productivas y a la postre ellos ganarían más, pero como su cerebrito no da para más, prefieren agandallarse lo poco o mucho que le han dejado a nuestro abundante y generoso país.
Si usted, amigo lector, se encuentra en duda acerca de lo del petróleo (que no es nuestra mayor riqueza), le podemos comentar que lo que México necesita es una revolución, pero no una revolución armada, no, sino una revolución intelectual, o sea una <
Y no es que estemos a favor de López Obrador -porque ese también se hace rodear por gentuza de muy mala reputación-, aunque debemos tomar poquito de él en lo que se refiere a la defensa de nuestros recursos no renovables, pero no entregarnos incondicionalmente a él, ya que hay mentes obtusas, degeneradas y siniestras que dirigen grupos políticos y se quieren agarrar de él y de Jesús Ortega para sus más aviesos fines.
Simplemente hay que apoyar la idea de no dejar que el extranjero meta la patita aquí, porque al rato va a ser imposible quitar sus dos patotas de nuestro territorio, aun con una guerra. Después, hay que decirle al presidente Calderón que estamos en la mejor disposición de ayudarlo a enderezar al país, pero que se equilibre en eso de apoyar al Clero. Digo, si de verdad ellos traen consigo la palabra de Dios, entonces yo creo que ya no necesitan del erario para sus adoratorios.
Debemos acercarnos más a los libros y dejar de ver la mayoría de los programas de televisión abierta. “Dime de qué burradas hablas y te diré qué canal de tv es tu favorito”. Para merecer bienestar debemos demostrar que sabemos trabajar y que somos personas capaces y civilizadas. Si todavía nos acongoja ver cómo se matan entre familiares por una herencia o una mujer en las babanovelas, o nos apasiona ver correr a 22 peladitos y pelearse entre ellos por una pelotita, pues entonces no caben quejas ni llantos de mariquita, ya que ello quiere decir que “aún no estamos preparados para defendernos nosotros mismos y mucho menos al país”.
No quiero decir que dejemos la diversión a un lado, no. La risa viene a ser un gran incentivo para mantenernos en este triste mundo, pero sí hay programas de nivel, hay juegos electrónicos que nos impulsan a la creatividad y hay historias fantásticas en los libros de las bibliotecas. ¿Qué no hay tiempo? Y cómo sí lo hay para ir a sacar al mocoso de las maquinitas, al hijo adolescente de centros de vicio, a la hija del hospital por depresión y al marido de la cárcel por chocar borracho?
Recién la directora de la Secundaria Xicoténcatl, de Neza, invitó a las señoras a dejar las moco-novelas, y asistir con ella en las tardes a integrarse a su ballet folkórico o los talleres a realizar manualidades que después pueden vender. De no aceptar esto, seamos ciertos, entonces lo que nos falta son ganas de evolucionar, no de tiempo.
1 comentario:
Claridad meridiana. Razón apabullante.
Expórtese a otros países (entre ellos España, que es el mío).
Felicito al autor. Saludos.
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