
(La Prensa)
27 de febrero de 2009
Juanito, el único amiguito que tenían los niños que fueron encontrados en el fondo de un pequeño patio, desnudos y amarrados de manos, pies y vendados de ojos, con golpes en todo el cuerpo, aún no supera el trauma y las escenas dantescas que se han albergado en su cabeza.
"Mamá, ya salvaron a mi amigo Poncho, ya no le van a pegar y castigar porque tiene hambre", es la pregunta que se hace a cada momento, que motivado por los constantes quejidos y sollozos se asomó por la rendija de la puerta, pero al no poder ver nada, decidió subir a la azotea el pasado martes, por la tarde, y al asomarse por un hueco que da a la azotehuela descubrir la manera cruel en que estaban sus amiguitos.
Por eso, inmediatamente dio aviso a su abuelita, la señora Cecilia, quien con valentía y motivada por el maltrato a los menores decidió dar parte a las autoridades.
"Cuando nos avisó el niño, no le entendíamos, pero como estaba llorando por la impresión, decidimos subir para darnos cuenta de qué es lo que estaba pasando", explicó una de las entrevistadas que prefirió guardarse en el anonimato.
"Les llamamos por teléfono varias veces, pero no nos hacían caso, hasta que fuimos personalmente a la delegación a dar parte, fue como vinieron", dijo la vecina.
Ahora, estos ciudadanos que actuaron con el corazón, temen sufrir alguna represalia, porque se han dado a conocer sus nombres, sin embargo, aseguran que no se arrepienten de haber dado parte a las autoridades. Algunos vecinos señalaron a LA PRENSA que tanto Lorenza, Maximino, Edith y Antonio Sánchez, quienes ahora son acusados por maltrato a los menores de edad, "se observaban a primera vista como personas trabajadoras.
"Quién iba a decir que debajo de esas personas se escondían unos diablos, porque no se le puede llamar de otra manera a quien atenta contra unos angelitos".
El día de ayer, aún se sentía el ambiente triste y de coraje en ese predio donde durante un mes, estos niños lejos de ser consentidos y atendidos, eran maltratados peor que delincuentes.
Este matutino subió a la azotea con permiso del propietario, donde Juanito descubrió la deshumanización de seres al tratar de esa manera a dos inocentes, desde ahí, se observa el estrecho espacio donde tenían a los niños: Azucena, de 4 y Alfonso, de 6 años, amarrados con unos trapos, desnudos y golpeados.
En un tanque de gas, se contempla, uno de los trapos, testigo mudo de martirio generado a estos seres indefensos que su único pecado fue haber quedado huérfanos de y haber tenido un padre hundido en el alcohol y que no respondió por ellos y su madre que los abandono.Quienes conocen a esta familia, dijeron que tenían aproximadamente 3 años de estar viviendo en esa calle, donde se respira la tranquilidad, pero donde se entretejía una historía de esa que duelen de verdad y que conmueven al más duro. "¿Qué culpa tenían esos indefensos niños?", se escucha en por toda la Colonia Tlalmille.
27 de febrero de 2009
Juanito, el único amiguito que tenían los niños que fueron encontrados en el fondo de un pequeño patio, desnudos y amarrados de manos, pies y vendados de ojos, con golpes en todo el cuerpo, aún no supera el trauma y las escenas dantescas que se han albergado en su cabeza.
"Mamá, ya salvaron a mi amigo Poncho, ya no le van a pegar y castigar porque tiene hambre", es la pregunta que se hace a cada momento, que motivado por los constantes quejidos y sollozos se asomó por la rendija de la puerta, pero al no poder ver nada, decidió subir a la azotea el pasado martes, por la tarde, y al asomarse por un hueco que da a la azotehuela descubrir la manera cruel en que estaban sus amiguitos.
Por eso, inmediatamente dio aviso a su abuelita, la señora Cecilia, quien con valentía y motivada por el maltrato a los menores decidió dar parte a las autoridades.
"Cuando nos avisó el niño, no le entendíamos, pero como estaba llorando por la impresión, decidimos subir para darnos cuenta de qué es lo que estaba pasando", explicó una de las entrevistadas que prefirió guardarse en el anonimato.
"Les llamamos por teléfono varias veces, pero no nos hacían caso, hasta que fuimos personalmente a la delegación a dar parte, fue como vinieron", dijo la vecina.
Ahora, estos ciudadanos que actuaron con el corazón, temen sufrir alguna represalia, porque se han dado a conocer sus nombres, sin embargo, aseguran que no se arrepienten de haber dado parte a las autoridades. Algunos vecinos señalaron a LA PRENSA que tanto Lorenza, Maximino, Edith y Antonio Sánchez, quienes ahora son acusados por maltrato a los menores de edad, "se observaban a primera vista como personas trabajadoras.
"Quién iba a decir que debajo de esas personas se escondían unos diablos, porque no se le puede llamar de otra manera a quien atenta contra unos angelitos".
El día de ayer, aún se sentía el ambiente triste y de coraje en ese predio donde durante un mes, estos niños lejos de ser consentidos y atendidos, eran maltratados peor que delincuentes.
Este matutino subió a la azotea con permiso del propietario, donde Juanito descubrió la deshumanización de seres al tratar de esa manera a dos inocentes, desde ahí, se observa el estrecho espacio donde tenían a los niños: Azucena, de 4 y Alfonso, de 6 años, amarrados con unos trapos, desnudos y golpeados.
En un tanque de gas, se contempla, uno de los trapos, testigo mudo de martirio generado a estos seres indefensos que su único pecado fue haber quedado huérfanos de y haber tenido un padre hundido en el alcohol y que no respondió por ellos y su madre que los abandono.Quienes conocen a esta familia, dijeron que tenían aproximadamente 3 años de estar viviendo en esa calle, donde se respira la tranquilidad, pero donde se entretejía una historía de esa que duelen de verdad y que conmueven al más duro. "¿Qué culpa tenían esos indefensos niños?", se escucha en por toda la Colonia Tlalmille.
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